DISCIPLINA ECLESIASTICA – SE NECESITA

Disciplina eclesiástica
Portavoz de la Gracia
Nuestro propósito “Humillar el orgullo del hombre, exaltar la gracia de Dios en la salvación y promover santidad verdadera en el corazón y la vida”.
Número 16
“Si no oyere a la iglesia, tenle  por gentil y publicano”. Mateo 18:17b
Desaparición de la disciplina eclesiástica ………………………………………………………………. 1 R. Albert Mohler, Jr. Definición de disciplina eclesiástica ………………………………………………………………………. 7 Hezekiah Harvey (1821-1893) Cristo instituyó la disciplina ………………………………………………………………………………… 11 James Bannerman (1807-1868) Admisión y exclusión …………………………………………………………………………………………… 15 John Gill (1697-1771) Pureza visible: el propósito de la disciplina eclesiástica ………………………………………… 20 R. Albert Mohler, Jr. Necesidad de la disciplina ……………………………………………………………………………………. 26 Daniel E. Wray Tres áreas que requieren disciplina………………………………………………………………………. 31 R. Albert Mohler, Jr. Modalidades de la disciplina eclesiástica ……………………………………………………………… 34 Daniel E. Wray Naturaleza de la excomunión……………………………………………………………………………….. 38 Jonathan Edwards (1703-1758) Objeciones a la disciplina …………………………………………………………………………………….. 45 Daniel E. Wray Manteniendo pura a la iglesia de Cristo ……………………………………………………………….. 49 Charles H. Spurgeon (1834-1892)
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a declinación de la disciplina eclesiástica es quizá el fracaso más visible de la iglesia contemporánea. Habiendo perdido el interés en mantener la pureza de la confesión o el estilo de vida, la iglesia contemporánea se ve a sí misma como una asociación voluntaria de miembros autónomos con una mínima rendición de cuentas a Dios, y mucho menos unos a otros, con respecto a la moralidad. La falta de disciplina eclesiástica ya no es algo que asombra, por lo general ni se nota. Para muchos miembros de las iglesias, la disciplina eclesiástica regulativa1 y restauradora ya no es una categoría con significado y ni siquiera un recuerdo. La generación actual de pastores tanto como de miembros de iglesia virtualmente carece de experiencia en cuanto a la disciplina eclesiástica bíblica. De hecho, la mayoría de los cristianos a quienes se les presenta la enseñanza bíblica acerca de la disciplina eclesiástica, encaran la cuestión como una idea con la que nunca antes se habían topado. Oyéndola por primera vez parece tan anticuada y lejana como la Inquisición Española2 o los juicios de las brujas de Salem3. Su única percepción del ministerio disciplinario de la iglesia es a menudo comparada con alguna historia de ficción como lo fue La Letra Escarlata4. Lo cierto es que, sin una recuperación de la disciplina funcional para la iglesia — firmemente establecida sobre los principios revelados en la Biblia — la iglesia continuará su deslizamiento hacia

1 regulativa – hacer que concuerde con las Escrituras. 2 Inquisición Española – tribunal establecido en la España Católica Romana en 1478 para investigar y castigar a los considerados herejes, los cuales fueron reprimidos con una crueldad y severidad insólita; su cruel persecución incluyó a protestantes. 3 juicios de las brujas de Salem – una serie de procesos judiciales contra personas acusadas de brujería en la colonia de Massachusetts entre febrero de 1692 y mayo de 1693. 4 La Letra Escarlata – Título del libro escrito por Nathaniel Hawthorne en 1850; es una historia ficción acerca de una joven adúltera en Boston, Nueva Inglaterra, condenada por el tribunal de justicia a usar en la ropa una letra “A” [de adúltera] color escarlata. Este acto era considerado como un ejemplo de severidad puritana.
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la disolución moral y el relativismo5. Los evangélicos han reconocido a la disciplina como la “tercera característica” de una iglesia auténtica desde hace muchísimo tiempo6.  La disciplina auténtica y bíblica no es opcional, sino una característica necesaria e integral del cristianismo auténtico.  ¿Cómo ocurrió esto? ¿Cómo pudieron las iglesias abandonar con tanta rapidez  y de forma tan generalizada una de sus funciones y responsabilidades más esenciales? La respuesta se encuentra en el desarrollo tanto interno como externo de la iglesia.  Dicho simplemente, el abandono de la disciplina en las iglesias está ligado directamente al acomodo paulatino del cristianismo a la cultura norteamericana. Conforme avanzó el siglo XX, esta contemporización se fue incrementando haciéndose evidente cuando la iglesia se conformó a la cultura del individualismo moral.  Aunque el siglo XIX no fue una era dorada para los evangélicos norteamericanos, en ese siglo se vio la consolidación de la teología evangélica y los modelos de las iglesias. Los manuales para el orden y para la disciplina que se publicaron en ese tiempo muestran que la práctica de la disciplina era algo que se aplicaba regularmente en las iglesias. Las congregaciones protestantes ejercían la disciplina como un ministerio necesario y natural hacia los miembros de la iglesia, y como un medio para proteger la integridad doctrinal y moral de la congregación.  Como fervientes congregacionalistas7, los bautistas dejaron un registro particularmente instructivo con respecto a la disciplina en el siglo XIX. El historiador Gregory. A. Wills comentó acertadamente: “Para los bautistas anteriores a la guerra civil, una iglesia sin disciplina difícilmente era considerada como una verdadera iglesia”8.

5 relativismo – la idea de que el conocimiento, la verdad y la moralidad existen en relación con la cultura, la sociedad o el contexto histórico y no son absolutos. 6 La identificación de la disciplina apropiada como la tercera característica de la verdadera iglesia se remonta al menos a la Confesión de Bélgica de 1561 (ver “The Belgic Confession” [La Confesión Belga] en The Creeds of Christendom [Los credos del cristianismo], ed. Philip Schaff, Rev. David S. Schaff, Tomo 3, New York: Harper and Row, 1931, 419-420). De manera similar, el Compendio de los Principios del Seminario Teológico Bautista del Sur, 1858 (Abstract of Principles of The Southern Baptist Theological Seminary) identifica el orden, disciplina y adoración auténticos como las tres características esenciales de la verdadera iglesia. 7 congregacionalistas – los que creen que las iglesias locales individuales son autónomas bajo la dirección de Cristo. 8 Gregory A. Wills, Democratic Religion: Freedom, Authority, and Church Discipline in the Baptist South 1785-1900 (Religión democrática: libertad, autoridad y disciplina

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Las iglesias tenían regularmente “Días de Disciplina”, cuando las congregaciones se reunían para solucionar problemas que afectaban a la comunión fraternal, amonestar a los miembros rebeldes, reprender a los obstinados y, si era necesario, excomulgar9 a los que se resistían a ser disciplinados. Al hacer esto, las congregaciones consideraban que seguían una práctica bíblica establecida por Cristo y los apóstoles para la protección y corrección de los discípulos.  Ninguna esfera de la vida se consideraba fuera del ámbito de rendición de cuentas ante la iglesia. Los miembros debían conducir su vida y su testimonio en armonía con la Biblia y con los principios morales establecidos. Dependiendo del sistema de gobierno de la denominación, la disciplina era codificada10 en los estatutos de la iglesia, en los libros de disciplina, los manuales congregacionales y las confesiones de fe. La disciplina abarcaba tanto la doctrina como la conducta. Los miembros podían ser disciplinados por conductas que violaran los principios bíblicos o los estatutos convenidos en la iglesia, pero también por causa de violaciones a las doctrinas y creencias. Se consideraba que los miembros estaban bajo la autoridad de la congregación y eran responsables unos de otros.  Pero en los inicios del siglo XX, ya la disciplina eclesiástica estaba en franca decadencia. Debido a la Iluminación11, ya cundía ampliamente la crítica de la Biblia y de las doctrinas ortodoxas. Aun las denominaciones más conservadoras empezaron a mostrar evidencia de estar descuidando la atención a la teología ortodoxa. Al mismo tiempo, la cultura en general comenzaba a adoptar una moralidad individualista autónoma. El resultado de estos desarrollos internos y externos fue el abandono de la disciplina eclesiástica, y cada vez más áreas de la vida de los miembros se comenzaron a considerar fuera de la incumbencia de la congregación.  Este gran cambio en la vida de las iglesias fue seguido por las tremendas transformaciones culturales en los primeros años del siglo
eclesiástica en el sur bautista 1785-1900) (New York: University Press, 1997), 12; profesor de historia eclesiástica en el Seminario Teológico Bautista del Sur, Louisville, KY.  9 excomulgar – expulsar a un miembro contumaz de la comunión y los privilegios de la membresía. Esto fue instituido por Cristo (Mt. 18:15, 18) y practicado por sus apóstoles (1 Co. 5:11; 1 Ti. 1:20;  Tit. 3:10). 10 codificado – organizado de acuerdo con un sistema. 11 Iluminación – conocido también como “iluminismo”, es un movimiento intelectual europeo que surgió a fines del siglo XVII y  XVIII, que enfatiza la razón, el individualismo y el progreso humano en lugar de la autoridad de la revelación divina; conocido como “La Edad de la Razón”, era en realidad una rebelión contra Dios.
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XX, caracterizadas por el pensamiento “progresista” y la liberalización moral. Ya para la década de 1960, solo una minoría de iglesias pretendía  practicar el principio regulativo de la disciplina. Significativamente, la rendición de cuentas y la disciplina moral confesional generalmente fueron conjuntamente abandonadas. La categoría teológica del pecado ha sido reemplazada, en muchos círculos, por el concepto psicológico de la terapia. Y como lo ha argumentado Philip Reiff12, el “Triunfo de lo terapéutico” es ahora parte integral de la cultura norteamericana. Los miembros de las iglesias pueden tomar malas decisiones, fallar en vivir de acuerdo con las expectativas que les exige esta cultura opresora, o bien estar actualizados inadecuadamente, o su problema es que no se han “realizado”… pero ya no pecan.  Los individuos reclaman para sí mismos un enorme espacio de privacidad personal y autonomía moral. La congregación – redefinida ahora como una mera asociación voluntaria – no tiene derecho a invadir este espacio. Muchas congregaciones han renunciado a cualquier responsabilidad de confrontar hasta los pecados más públicos de sus miembros. Dominados por los métodos pragmáticos13, por el llamado iglecrecimiento y por la “ingeniería congregacional”, la mayoría de las iglesias dejan los asuntos relacionados con la moralidad librados a la conciencia individual de cada miembro… La noción misma de la vergüenza ha sido descartada por una generación para la cual este término es innecesario y solo un obstáculo para lograr una pretendida realización personal total. Aun los observadores seculares han notado la falta de vergüenza en la cultura moderna. James Twitchell comenta: “En la última generación hemos procurado dejar a un lado la vergüenza. Los movimientos en el campo de la psicología relativos al potencial humano y a la recuperación de la memoria dentro del campo de la psicología, el relativismo moral del cristianismo regido por el público, la liberación de los sentimientos de culpa y la aceptación de que todas las ideas son igualmente buenas en los planes de estudio universitarios, el surgimiento de conductas de desacato a la ley y la tendencia escandalosa de distorsionar hechos históricos de modo que ciertos grupos se sientan libres de culpa, y el tono de los discursos políticos
12 Philip Reiff – The Triumph of the Therapeutic: Uses of Faith after Freud (El triunfo de lo terapéutico: usos de la fe después de Freud) (Chicago: University of Chicago Press, 1966); Reiff (1922-2006) fue un sociólogo y autor norteamericano. 13 pragmático – más interesado por resultados prácticos que por principios.
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que infieren: ‘Yo no tengo de qué avergonzarme, pero usted sí que lo tiene’ son solo algunos de los casos en los que esto se nota”14. Twitchell considera que la iglesia cristiana es cómplice y ha ayudado e instigado esta situación de transformación moral y de abandono de la vergüenza, que es, después de todo el producto natural del comportamiento pecaminoso. En cuanto a la iglesia cristiana en la actualidad, solo se puede observar una leve semblanza de lo que una vez estuvo pintado en vivos colores. El cristianismo simplemente ha perdido su rumbo. Ya no articula el ideal. El sexo está fuera de control. Los días de la vergüenza han pasado. El diablo se ha llevado furtivamente la idea del pecado. Y como lamenta Twitchell, las palabras de Jesús a la mujer adúltera “Vete y no peques más” han sido reemplazadas por “No juzguéis para que no seáis juzgados”.  La demostración de este abandono de la moral puede verse en las principales denominaciones protestantes, que se han rendido ante la ética de “liberación” sexual. Los protestantes liberales ya perdieron toda credibilidad moral en la esfera sexual. El homosexualismo no es condenado, aunque la Biblia lo condene claramente. Por el contrario, los homosexuales tienen su lugar especial en las denominaciones, sus propias publicaciones y sus derechos especiales en las asambleas de las denominaciones.  Y los evangélicos, aunque todavía afirman que siguen las normas bíblicas de moralidad, se han rendido por completo ante la cultura del divorcio. ¿Dónde están las congregaciones evangélicas que afirmaban que los votos matrimoniales debían ser cumplidos? En gran medida, los evangélicos están ligeramente detrás de los protestantes liberales en cuanto a su contemporización con esta cultura del divorcio, aceptando lo que podríamos llamar “monogamia en serie” o sea una fidelidad marital hacia el cónyuge de turno. Esto también ha sido notado por los observadores seculares…  Unido a esta preocupación por no ofender a los miembros de la iglesia está la aparición de la “cultura de derechos”, la cual entiende a la sociedad meramente en términos de derechos individuales en lugar de responsabilidad moral. Mary Ann Glendon15 de la Facultad de

14 James B Twitchell,  For Shame: The Loss of Common Decency in American Culture (Para vergüenza: La pérdida de la decencia común en la cultura norteamericana) (New York: St. Martin’s Press, 1997), 35; profesor de la Universidad de Florida. 15 Mary Ann Glendon, Rights Talk: The Impoverishment of Political Discourse (Conversaciones sobre derechos: El empobrecimiento del diálogo político) (New York: Free Press, 1991); profesora de derecho en la Facultad de Derecho de la Universidad de Harvard.
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Derecho de la Universidad de Harvard, documenta la sustitución del “diálogo sobre moralidad” por el “diálogo sobre los derechos”. Al ser incapaz o no querer tratar con las categorías morales, los hombres y mujeres modernos han recurrido al único lenguaje moral que conocen y entienden: el diálogo desvergonzado sobre “los derechos” que la sociedad no tiene autoridad de limitar ni negar. Sin embargo, este “diálogo sobre los derechos” no está limitado a la sociedad secular. Los miembros de las iglesias se aferran tanto a su propio “diálogo sobre los derechos” que las congregaciones han tenido que llegar a considerar casi cualquier tipo de conducta, o “estilo de vida” como aceptable, o por lo menos, fuera de los límites de la sanción congregacional.  El resultado de esto es la pérdida del modelo bíblico para la iglesia y el inminente colapso del cristianismo auténtico en esta generación. Como Carl Laney lamenta: “La iglesia de hoy está sufriendo de una infección que se ha dejado empeorar… Así como una infección debilita el cuerpo destruyendo sus mecanismos de defensa, la iglesia se ha debilitado por causa de esta horrenda llaga. La iglesia ha perdido su poder y efectividad de servir como un canal de cambio social, moral y espiritual. Esta enfermedad es causada, por lo menos en parte, por la negligencia en el ejercicio de la disciplina eclesiástica”16. Tomado de The Disappearance of Church Discipline—How Can We Recover? (Desaparición de la disciplina eclesiástica— ¿Cómo podemos recobrarnos?) Partes 1-4; usado con permiso del autor; www.albertmohler.com. _______________________ R. Albert Mohler, Jr.: Teólogo norteamericano, autor y noveno presidente del Seminario Teológico Bautista del Sur en Louisville, Kentucky; nacido en Lakeland, Florida, EE.UU.

El mandato de la iglesia es mantener la doctrina y el orden verdaderos. La iglesia sin estas cualidades esenciales no es, según la define la Biblia, una iglesia verdadera.  —R. Albert Mohler, Jr. Se ha dicho que cuando la disciplina se va de la iglesia, Cristo se va con ella. —J. L. Dagg

16 J. Carl Laney, A Guide to Church Discipline (Una guía para la disciplina eclesiástica) (Minneapolis: Bethany House, 1985), 12; autor y profesor de Biblia del Western Seminary en Portland, Oregon, EE.UU.

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